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Efemérides Socio-Ambientales 2007

 

Lunes 06 de Agosto

Día de la Paz

 

Recuerdos de Hiroshima y Nagasaki

Por David Krieger*, Agosto 1, 2003
Traducción de María Luisa Canale**

A la 1:45 de la madrugada del 6 de agosto de 1945, el Enola Gay, un bombardero B-29 estadounidense, despegó de la isla Tinian en las Islas Marianas. Llevaba la segunda bomba atómica del mundo; la primera se había detonado tres semanas antes en un campo de pruebas de EE.UU. en Alamogordo, Nuevo México. El Enola Gay llevaba una bomba atómica con núcleo de uranio enriquecido a la que se nombró "Pequeño niño", con una fuerza explosiva de unas 12.500 toneladas de TNT. A las 8:15 de la mañana, mientras los ciudadanos de Hiroshima se disponían a comenzar su día, el Enola Gay liberó su terrible carga, que cayó durante 43 segundos antes de detonar 580 metros sobre el Hospital Shima cerca del centro de la ciudad.

Según un folleto del Museo Memorial de Paz de Hiroshima, esto es lo que sucedió después de la explosión: "La temperatura del aire al momento de la explosión alcanzó varios millones de grados centígrados (la temperatura máxima de las bombas convencionales es de aproximadamente 5 mil grados centígrados). Varias millonésimas de segundos después, apareció una bola de fuego que irradiaba calor blanco. Una diezmilésima de segundo después, la bola de fuego se expandió hasta alcanzar un diámetro de 28 metros con un temperatura cercana a los 300 mil grados centígrados."

Como resultado de la explosión, el calor y el fuego envolvieron la ciudad de Hiroshima y terminó con la vida de unas 90 mil personas. La segunda prueba de un arma nuclear en el mundo demostró el increíble poder que tienen estas armas para matar y destruir. Se destruyeron escuelas en donde murieron maestros y estudiantes. Se les sumaron pacientes y médicos de hospitales. El bombardeo de Hiroshima fue un acto de destrucción masiva en una población civil, la destrucción de una ciudad completa con una sola bomba. Tras recibir la noticia, Harry Truman, el entonces presidente de los Estados Unidos, declaró crudamente: "Éste es el suceso más grandioso de la historia".

Tres días después de destruir Hiroshima, a las 11:02 de la mañana, el Bockscar, un bombardero B-29 estadounidese, atacó la ciudad japonesa de Nagasaki con la tercera arma atómica del mundo. Esta bomba tenía un núcleo de plutonio y una fuerza explosiva de unas 22 mil toneladas de TNT. Resultó en la muerte inmediata de unas 40 mil personas.

En su primer discurso referente al bombardeo de Hiroshima, Harry Truman afirmó: "El mundo se enterará que se soltó la primera bomba atómica del mundo sobre una base militar en Hiroshima. Esto se hizo para evitar hasta donde fuera posible la muerte de civiles." Aunque Hiroshima tenía una base militar, ésta no fue el blanco del ataque, sino el centro de la ciudad. La mayoría de las víctimas de Hiroshima eran civiles, incluyendo mujeres y niños. Truman agregó: "Pero ese ataque sólo es una advertencia de las cosas que vienen". Truman hizo mención de la "gran responsabilidad que ha caído sobre nuestros hombros y que gracias a Dios llegó a nosotros y no a nuestros enemigos". Le pidió a Dios "su guía para usarlo para sus fines." Fue una plegaria escalofriante y profética.

Para finales de 1945, había 145 mil muertos en Hiroshima y otros 75 mil en Nagasaki. Decenas de miles más sufrieron graves lesiones. A lo largo de los años, han seguido falleciendo personas entre los supervivientes debido a los efectos tóxicos de la radiación.

Recordando estos trágicos sucesos, nuestra memoria colectiva inevitablemente ha olvidado y se ha vuelto a moldear por las perspectivas actuales. Con el paso del tiempo, aquéllos que vivieron en carne propia los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki se hacen menos. Aunque en sus mentes el recuerdo de este trauma sigue vivo, grandes porciones de la población mundial no conocen sus historias. El mensaje de los supervivientes ha sido simple, claro y conciso: "Nunca más". En el Parque Memorial de Paz de Hiroshima se encuentra la siguiente leyenda: "Que descansen en paz todas las almas que aquí yacen; pues no repetiremos esta atrocidad". El plural que menciona esta inscripción nos incluye a todos y a cada uno de nosotros.

Sin embargo, el destino del mundo, y en particular el destino de la humanidad, podría depender de nuestro recuerdo de Hiroshima y Nagasaki. Si recordamos los bombardeos de estas ciudades simplemente como otro capítulo en la historia de la humanidad, careceremos de la ética política para manejar con eficiencia los retos que presentan las armas nucleares. Si por otra parte recordamos estos bombardeos como un punto crucial en la historia de la humanidad, un momento en el que la paz se vuelve crítica, es posible que encontremos la ética política necesaria para salvarnos del destino que cayó sobre los habitantes de estas dos ciudades.

En su libro, Robert Jay Lifton y Greg Mitchell escriben: "No es posible entender el siglo XX sin Hiroshima. Lo mismo puede decirse del siglo XXI. Lo mismo puede decirse del predicamento que enfrenta la humanidad. No podemos entender ni el presente ni el futuro sin entender lo que pasó en Hiroshima y Nagasaki."

Desde los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, ha habido una lucha por recordar. La historia de estos ataques difieren de forma radical entre lo que se ha dicho en EE.UU. y lo que narran los supervivientes de Hiroshima y Nagsaki. EE.UU. lo describe como un triunfo de la tecnología y un triunfo en la guerra. Ve la bomba desde arriba, desde la perspectiva de los que la soltaron. Para la gran mayoría de los estadounidenses, la creación de la bomba es un logro tecnológico de magnitudes extraordinarias que generó el arma más poderosa en la historia bélica. Desde este punto de vista, las bombas atómicas hicieron posible la total derrota del poder imperial japonés y le puso fin a la Segunda Guerra Mundial.

En la mente de muchos, si no en la de la mayoría de los estadounidenses, las bombas atómicas salvaron la vida de quizás un millón de soldados de EE.UU., y la destrucción de Hiroshima y Nagasaki es visto como un pequeño precio que tuvo que pagarse para salvar muchas vidas y ponerle fin a una terrible guerra. Esta idea da la impresión que bombardear estas ciudades con armas atómicas fue útil, fructífero y dio lugar a una ocasión que celebrar.

El problema con esta versión es que los historiadores han puesto en duda la necesidad de soltar estas bombas para terminar la guerra. Muchos estudiosos han cuestionado la versión oficial de los EE.UU. en cuanto a los bombardeos. Estos críticos hacen notar que Japón intentaba rendirse cuando se soltaron estas bombas, que el cuerpo estratégico del ejército de los EE.UU. calculó menos muertes de estadounidenses ante una invasión de Japón y que había otras dos formas de terminar la guerra sin usar bombas atómicas en las ciudades japonesas.

Entre los opositores al uso de bombas atómicas, estaba el general Dwight Eisenhower, que reaccionó así cuando el Secretario de Guerra Henry L. Stimson lo enteró de lo sucedido en las ciudades japonesas: "Durante su relato de los hechos, le expresé mi más profundo desacuerdo, pues Japón ya había sido derrotado y soltar las bombas fue completamente innecesario. Además, yo creo que nuestro país debe evitar afectar la opinión del mundo usando un arma que según mi opinión, ya no era necesaria para salvar vidas estadounidenses."

En una entrevista después de la guerra, Eisenhower le dijo a un periodista: "Los japoneses estaban listos para rendirse y no era necesario atacarlos con esa cosa horrible". El general Henry Arnold coincidió en que"con bomba atómica o sin ella, los japoneses estaban ya al borde del colapso". El almirante William D. Leahy comparó este acto con el comportamiento propio de los bárbaros de la Edad Media.

A pesar de estas fuertes declaraciones de líderes militares de la Segunda Guerra Mundial, todavía existe la percepción de que los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki estuvieron justificados por la guerra. No se le da suficiente importancia al hecho de que la mayoría de las víctimas eran civiles y que hasta la fecha, los sobrevivientes todavía sufren de los efectos de la radiación.

Los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki quedaron en el pasado. No podemos resucitar estas ciudades. Lo que sí podemos hacer es aprender de su experiencia; una de las lecciones más importantes a la humanidad: nos enfrentamos a la posibilidad de nuestra extinción como especie. No simplemente a la realidad de muertes individuales, sino a la muerte de la humanidad. Según Albert Camus, existencialista francés, "nuestra civilización técnica ha alcanzado su nivel más alto de salvajismo. Tendremos que elegir, tarde o temprano, entre el suicidio colectivo y el uso inteligente de nuestras conquistas científicas. Ahora, más que nunca, vemos claro que la paz es la única batalla digna de lidiar."

Depender de las armas nucleares para proteger la seguridad es poner el futuro de nuestra especie en riesgo de aniquilación. La humanidad enfrenta una decisión: eliminar las armas nucleares o seguir corriendo el riesgo de que ellas nos eliminen a nosotros. Si no tomamos esta decisión y actuamos, enfrentamos la posibilidad de repetir lo sucedido en Hiroshima a nivel mundial.

VIVIR CON MITOS

En su libro, el exsecretario de Interior Stewart Udall escribe: "Durante las primeras semanas después de Hiroshima, el presidente Truman y otros portavoces del gobierno de EE.UU. transformaron la realidad de la era atómica en el suceso mitificado más grande en la historia americana. Estas declaraciones exageradas y excesivas describen un universo profundamente alterado que originó un pensamiento redirigido con influencia en el comportamiento de las naciones y un cambio en el panorama y las expectativas de los habitantes de este planeta."

Se han generado muchos mitos en torno a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki con el propósito de hacer más factible el uso de armas nucleares. Bajo toda la esta falacia está el mito de que los líderes de la unión americana son capaces de hacer lo moral y lo correcto. Concluir que nuestros líderes hicieron lo incorrecto actuando de forma inmoral en Hiroshima y Nagasaki sería poner en duda lo que somos como pueblo. Mantener nuestro sentido de la decencia bajo la luz de las acciones de nuestros líderes podría requerir la alteración de los hechos para que éstos encajen en nuestros mitos.

Cuando se planeó incluir una retrospectiva de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki con las declaraciones de líderes como Eisenhower, Arnold y Leahy en el quincuagésimo aniversario de estos sucesos en el Instituto Smithsoniano en Washington, se escuchó una fuerte oposición de veteranos y miembros del congreso de los EE.UU. Finalmente, la exhibición del Smithsoniano se redujo de lo que pudo ser una amplia exposición de los bombardeos a la simple celebración del Enola Gay, el B-29 que dejó caer la bomba sobre Hiroshima.

NUESTROS MITOS COADYUVAN A DAR FORMA A NUESTRAS PERSPECTIVAS ÉTICAS

Nuestra comprensión de Hiroshima y Nagasaki coadyuva a aumentar nuestra orientación general hacia las armas nucleares. Porque en nuestro mito sobre los beneficios de usar armas nucleares en Hiroshima y Nagasaki existe la tendencia a ver las armas nucleares bajo una luz positiva. A pesar de las cuestiones morales involucradas en la destrucción de la población civil, la mayoría de los ciudadanos estadounidenses pueden justificar la dependencia en tales armas para nuestra "protección". Hallamos un buen ejemplo de esta racionalización en el punto de vista de muchos estudiantes de la Universidad de California, sobre el papel de su universidad en el manejo de los laboratorios de armas nucleares estadounidenses.

Recientemente hablé ante una clase de estudiantes en la Universidad de California en Santa Bárbara. Les presenté a los estudiantes una situación hipotética. Se les pidió imaginarse que eran estudiantes en una prestigiada universidad alemana durante los años treinta, tras la subida de los nazis al poder. Y que habían descubierto un laboratorio secreto en su universidad donde sus profesores investigaban y desarrollaban cámaras de gas e incineradores para que los nazis los usaran para exterminar a sus enemigos. Después, les pregunté: ¿Cuál fue su responsabilidad ética después de hacer este descubrimiento?

La hipótesis generó fuertes discusiones. Los estudiantes tomaron muy seriamente su responsabilidad ética ante la situación hipotética. Se percataron de que podría ser peligroso oponerse abiertamente al desarrollo de estos aparatos genocidas. No obstante, estaban dispuestos a correr riesgos para evitar que la universidad siguiera adelante con su programa para desarrollar cámaras de gas e incineradores. Algunos estaban dispuestos a acudir a las autoridades de la universidad para protestar. Otros, se preparaban para formar pequeños grupos para planear cómo sabotear en secreto el programa. Otros más intentaban escapar del país e informar al mundo de lo que pasaba a fin de provocar presión internacional sobre el régimen nazi. Los estudiantes no fueron neutrales y la mayoría expresó un fuerte deseo de actuar valientemente en oposición a este programa universitario, aun cuando su futuro, y posiblemente su vida, estuviera en peligro.

Después de escuchar las impresionantes posiciones éticas que los estudiantes estaban dispuestos a tomar y después de felicitarles, cambié la hipótesis. Les pedí considerar que habían pasado setenta años y que eran estudiantes en la Universidad de California en el curso 2003. Esto, naturalmente, no es hipotético. Los estudiantes de hecho están inscritos en la Universidad de California en Santa Bárbara. Les pedí imaginar que su universidad, la Universidad de California, estaba involucrada en la investigación y desarrollo de armas nucleares. Que su universidad manejaba los laboratorios de armas nucleares estadounidenses y que había investigado y desarrollado casi todas las armas nucleares del arsenal de los Estados Unidos. Sucede que esto también es verdad ya que la Universidad de California hace mucho que maneja los laboratorios de armas nucleares estadounidenses en Los Álamos y en Livermore.

Tras presentar este escenario a los estudiantes, les pedí considerar su responsabilidad ética. Esperaba que llegaran a idénticas conclusiones de la primera hipótesis, que expresarían su desencanto al descubrir que su universidad estaba implicada en la investigación y desarrollo de armas de destrucción masiva y que se apresurarían a oponerse a esta situación. Sin embargo, esta vez sólo un reducido número de estudiantes expresó el mismo sentido de indignación moral por la implicación de su universidad e indicaron su deseo de correr riesgos al protestar por esta involucración. Muchos de los estudiantes sintieron no tener responsabilidad ética bajo estas circunstancias.

Muchos estudiantes quisieron diferenciar los dos escenarios. En el primer escenario, algunos dijeron, se sabía que las cámaras de gas y los incineradores iban a utilizarse con el propósito de cometer genocidio. En el segundo escenario, en el cual se encontraban viviendo, no creían que las armas nucleares llegaran a usarse. Señalaron que no se han utilizado armas nucleares durante más de 50 años y, por tanto, pensaban que no era probable que se usaran en el futuro. Aun más, no creían que Estados Unidos llegara a usar armas nucleares porque nuestros líderes se sentían restringidos a usarlas. Finalmente, pensaban que Estados Unidos tenía la responsabilidad de defenderse, cosa que harían las propias armas nucleares.

Francamente, me asombraron los resultados de este ejercicio. Esperaba que los estudiantes se opusieran en ambos escenarios y que su idealismo estimulara protestas contra el manejo de laboratorios de armas nucleares en su universidad. Sin embargo, en el segundo escenario, expresaron varios raciocinios y/o racionalizaciones para no verse involucrados. Este escenario no era hipotético. Era real. De hecho demandaría algo de parte de ellos. Muchos se mostraron renuentes a comprometerse. La mayoría había aceptado la mitología de que nuestros líderes hacen lo correcto y la mitología aún mayor de que las armas nucleares nos protegen. No habían pensado en los riesgos asociados a la posesión y uso de grandes cantidades de armas nucleares. No habían considerado los riesgos de accidentes y cálculos erróneos, los peligros de comunicaciones defectuosas y de líderes irracionales. No habían considerado las posibilidades de que el refrenamiento fallara y que el resultado pudieran ser futuros Hiroshimas y Nagasakis, de hecho, Hiroshimas y Nagasakis globalizados.

La mayoría de los estudiantes lograron evitar aceptar responsabilidad personal por la implicación de su universidad en el proceso de desarrollar armas de destrucción masiva. Algunos también negaron su responsabilidad personal sobre la base de que la universidad no les pertenecía a ellos solamente y que de hecho, las armas nucleares eran un problema social. Lamentablemente es un problema sobre el cual demasiados pocos individuos están tomando responsabilidad ética personal. Los estudiantes representaron un microscosmo de un mayor problema social, de indiferencia e inacción, ante la actual dependencia en las armas nucleares. El resultado de esta inacción es trágicamente la probabilidad de que al final estas armas serán usadas nuevamente con horrendas consecuencias para la humanidad.

CONVIRTIENDO LAS ARMAS NUCLEARES EN UNA AMENAZA REAL

Al igual que la mayoría de los estudiantes que no toman la responsabilidad ética personal para protestar la implicación de su universidad en la investigación y desarrollo de armas nucleares, la mayoría de los líderes y líderes en potencia de estados con armas nucleares, no aceptan la necesidad de retar el status quo nuclear y de trabajar para lograr el desarme nuclear.

Lo que me ayudó a entender las horrendas consecuencias y riesgos de las armas nucleares, fue una visita a los museos del recuerdo en Hiroshima y Nagasaki, a los 21 años de edad. Estos museos mantienen vivo el recuerdo de la destrucción causada por las armas nucleares - relativamente pequeñas - que fueron usadas en estas dos ciudades. También proporcionan una visión del sufrimiento humano causado por las armas nucleares. Desde hace tiempo pienso que una visita a uno o a ambos de estos museos debería ser un requisito para cualquier líder de un estado con armas nucleares. Sin visitar estos museos y ser expuesto a películas, artefactos y exhibiciones de la devastación que causan las armas nucleares, es difícil captar la extensión de destructividad de estos artificios. Uno se percata de que las armas nucleares ni siquiera son armas, sino algo mucho más siniestro. Son instrumentos de genocidio y tal vez de omnicidio: la destrucción de todo.

Hasta donde yo sé, ningún jefe de estado o de gobierno de un estado con armas nucleares ha visitado estos museos, antes o durante su gestión. Si los líderes políticos no hacen el esfuerzo por visitar los lugares de devastación nuclear, será necesario que la gente de esos países les lleven el mensaje de estas ciudades. Pero antes, naturalmente, el pueblo debe enterarse de las historias y mensajes de estas ciudades. No es realista esperar que muchas personas viajen a Hiroshima o Nagasaki para visitar los museos del recuerdo, pero lo que sí es, es llevar los mensajes de Hiroshima y Nagasaki a las comunidades del mundo entero.

En Santa Barbara, California cuna de la Nuclear Age Peace Foundation (Fundación Paz en la Era Nuclear), hemos tratado de llevar el mensaje de Hiroshima a nuestra comunidad y más allá. En el 50 aniversario del bombardeo de Hiroshima, creamos un jardín monumento de paz, que bautizamos como Sadako Peace Garden, o Jardín de Paz Sadako. Sadako es el nombre de una niñita, Sadako Sasaki, que a los dos años fue expuesta a la radiación en Hiroshima cuando cayó la bomba. Sadako vivió una vida normal durante diez años hasta que desarrolló leucemia como resultado de la exposición a la radiación. Durante su hospitalización, Sadako hizo cigüeñas de papel con la esperanza de recuperar su salud. La cigüeña es el símbolo de salud y longevidad en Japón, y existe la creencia de que si se hacen mil cigüeñas de papel, su deseo se hará realidad. Sadako deseaba recuperar su salud y la paz para el mundo. En una de sus cigüeñas de papel escribió este corto poema: "Escribiré paz en tus alas y volarás por toda la tierra".

Sadako no terminó de hacer sus mil cigüeñas de papel antes de que su breve vida llegara a su fin. Sin embargo, sus compañeros de escuela, respondieron al valor de Sadako y su deseo por la paz, terminando la tarea de doblar las mil cigüeñas de papel. La historia de Sadako no tardó en extenderse por todo el Japón, los niños hicieron cigüeñas de papel en su memoria y su deseo por la paz. Decenas de miles de cigüeñas de papel volaron por Hiroshima y por todo Japón. Al final, la historia de Sadako se extendió por toda la tierra y hoy, muchos niños de tierras lejanas han sabido de Sadako y han hecho cigüeñas de papel en su memoria.

En el Peace Memorial Park de Hiroshima se yergue un monumento a Sadako. En la base de este monumento se lee este mensaje: "Éste es nuestro grito, Ésta es nuestra oración. Por la paz en este mundo." Es el mensaje de los niños de todo el mundo honrando la memoria de Sadako.

El Sadako Peace Garden en Santa Bárbara es un lugar bello y tranquilo. En este jardín hay unas piedras grandes con cigüeñas talladas en relieve sobre su superficie. El 6 de agosto de todos los años, el Día de Hiroshima, celebramos el Día de la Paz Sadako, un día para recordar a Sadako y a otras víctimas inocentes de la guerra. Todos los años en el Día de la Paz Sadako, tenemos música, reflexiones y poesía en el Sadako Peace Garden. De esta manera, buscamos mantener vivo el recuerdo de Hiroshima en nuestra comunidad.

Además de crear el Sadako Peace Garden, y de celebrar una conmemoración anual del Día de Hiroshima, también hicimos arreglos con los Peace Memorial Museos de Hiroshima y Nagasaki para traer una exposición sobre la destrucción causada por las armas atómicas a nuestra comunidad. Los museos enviaron una impresionante exposición que incluía artefactos, fotografías y vídeos. La exposición ayudó a revelar la verdad de lo que pasó en Hiroshima y Nagasaki a muchos miembros de nuestra comunidad.

Durante la exhibición, visitaron nuestra comunidad varios hibakusha, o sobrevivientes de los bombardeos, y hablaron en público de sus experiencias. Al relatarlas, hicieron vivir los horrores de las armas nucleares. También hay muchos libros que recogen las historias de los sobrevivientes de la bomba atómica. Es casi imposible escuchar o leer sus experiencias sin conmoverse profundamente.

Ésta es la descripción de una hibakusha, Miyoko Matsubara, escolapia de 12 años en Hiroshima en el momento del bombardeo. Su descripción se inicia al despertar de su inconsciencia después del bombardeo.

"No tenía idea de cuánto tiempo estuve inconsciente, pero cuando volví en mí, la mañana soleada y brillante se había convertido en noche. Takiko, que estaba junto a mí, simplemente había desaparecido de mi vista. No podía ver a ninguno de mis amigos o a ningún compañero. Quizás había volado con la explosión.

"Me levanté sorprendida. Todo lo que quedaba de mi chaqueta era la parte superior alrededor de mi pecho. Y mis pantalones abombados habían desaparecido dejándome solamente la pretina y unos trozos de tela. Lo único que me quedó encima fue mi ropa interior blanca y sucia.

"Entonces me percaté de que mi cara, manos y piernas estaban quemadas, y estaban hinchadas, sin piel y en jirones. Sangraba y ciertas partes estaban amarillentas. Me invadió el terror y sentí que tenía que irme a casa. Enseguida, empecé a correr desaforadamente huyendo de la escena y olvidándome del calor y del dolor.

"En mi camino a casa, vi a mucha gente. Todos ellos casi desnudos y con aspecto de personajes de cine de horror, con piel y carnes horriblemente quemadas y ampolladas. Todo alrededor del puente Tsurumi estaba atestado de gente herida. Extendían los brazos al frente. Tenían el pelo erizado. Se quejaban y maldecían. Con el dolor en sus ojos y furiosa mirada en sus rostros, lloraban llamando a su madre para que les ayudara.

"Me sentía insoportablemente caliente y me baje al río. Había muchísima gente en el agua, llorando y gritando por ayuda. El agua se llevaba incontables cadáveres - algunos flotando, otros hundiéndose. Algunos cuerpos iban seriamente dañados con los intestinos expuestos. Fue un espectáculo horroroso, y aún así, tuve que saltar al agua para librarme del calor que sentía en mí."

Tras describir su lucha personal como sobreviviente de la bomba, Miyoko Matsubara ofreció este mensaje a los jóvenes de la tierra. "Las armas nucleares no detienen la guerra. Las armas nucleares y los seres humanos no pueden coexistir. Todos debemos conocer el valor de la vida humana. Si no están de acuerdo conmigo en esto, por favor, vengan a Hiroshima para ver por ustedes mismos el poder destructivo de estas armas mortales en el Peace Memorial Museum en Hiroshima."

UNA SENCILLA PROPOSICIÓN

Me gustaría ofrecer una sencilla proposición relacionada con el recuerdo de Hiroshima y Nagasaki, que también es una formar de confrontar los mitos mortales en nuestra cultura que rodean el bombardeo de estas ciudades. Sugiero que toda comunidad del planeta conmemore el período desde el 6 agosto hasta el 9 de agosto como los Días de Hiroshima y Nagasaki. La conmemoración puede ser corta o larga, sencilla o elaborada, pero estos días no deben olvidarse. Al mirar atrás también podemos mirar hacia adelante y seguir siendo conocedores de los riesgos que están frente a nosotros. Estas conmemoraciones también proporcionan un momento para enfocarnos en lo que es necesario hacer para terminar con la amenaza de las armas nucleares contra la humanidad y a toda vida. Al mantener vivo el recuerdo de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, puede que también ayudemos a mantener viva a la humanidad. Ésta es una parte crítica de nuestra responsabilidad como ciudadanos de la tierra viviendo en la Era Nuclear.

Todos los años, en los Días de Hiroshima y Nagasaki, el 6 y el 9 de agosto respectivamente, los alcaldes de estas dos ciudades emiten proclamas en nombre de sus ciudades. Estas proclamas se distribuyen vía internet y por otros medios. Se pueden obtener copias por adelantado y compartirlas en ocasión de una conmemoración comunitaria en estos días. También es el momento en que las historias de los hibakusha, los sobrevivientes, pueden compartirse y el momento de traer expertos que hablen sobre las amenazas nucleares actuales.

El mundo necesita de símbolos comunes para reunirnos a todos. Uno de esos símbolos comunes es la fotografía de la Tierra desde el espacio exterior. Es un símbolo que nos hace comprender inmediatamente que todos compartimos un planeta común y un futuro común. Hiroshima y Nagasaki son otros símbolos comunes. Sabemos que estos nombres representan más que unas ciudades en Japón. Se adhieren a la destrucción masiva de las armas nucleares y representan la fortaleza y espíritu humano necesarios para superar esta destructividad.

El mundo necesita recordar y reflexionar sobre las experiencias de Hiroshima y Nagasaki como símbolos de la fortaleza e indomable espíritu de los humanos. Tenemos que ser capaces de recordar verdaderamente lo acontecido a estas ciudades si hemos de unirnos para terminar con la amenaza de las armas nucleares contra la humanidad y contra toda vida. Tenemos que comprender que no es necesario ser víctimas de nuestras propias tecnologías, que somos capaces de controlar aún la más peligrosa de ellas.

En su libro, Hiroshima en América, Lifton y Mitchell concluyen: "Confrontar Hiroshima puede ser una poderosa fuente de renacimiento. Puede permitirnos surgir de una trampa nuclear y redescubrir nuestra capacidad imaginativa en nombre del bien de la humanidad. Podemos superar nuestra inversión moral y cesar de justificar armas o actos de matanza masiva. Podemos condenar y dar paso atrás en actos de profanación, reconociendo lo que Camus llamó 'filosofía de los límites'. De esta manera podemos también tomar medidas para cesar de traicionarnos a nosotros mismos, cesar de dañar y engañar a nuestra propia gente. También podemos liberar a nuestra sociedad de su encubrimiento apocalíptico, y en el proceso, ampliar nuestra visión. Podemos romper nuestro largo aturdimiento en la vitalizante empresa de aprender, o aprender de nuevo, sentir. Y podemos desviarnos de un debilitante sentido de un sin-futuro y nuevamente sentirnos unidos a las generaciones pasadas y futuras.

El futuro está en nuestras manos. No debemos contentarnos con flotar a la deriva en el curso del terror nuclear. Nuestra responsabilidad como ciudadanos de la Tierra y de todas las naciones es enterarnos de la enormidad de nuestro reto en la Era Nuclear y superar ese reto en nombre propio, de nuestros hijos y de todas las generaciones futuras. Nuestra labor debe ser reclamar nuestra humanidad y asegurar nuestro futuro común liberando al mundo de estos instrumentos inhumanos de muerte y destrucción indiscriminadas. El camino para asegurar el futuro de la humanidad corre a través del pasado de Hiroshima y Nagasaki.

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* David Krieger es presidente de la Fundación Paz en la Era Nuclear. (www.wagingpeace.org) Es coautor de "Choose Hope. Your Role in Waging Peace in the Nuclear Age" (Elige la esperanza, Tu papel en apostar por la paz en la Era Nuclear). (Middleway Press, 2002) y editor de Hope in a Dark Time, Reflections on Humanity's Future (Esperanzas en Momentos Negros, reflexiones sobre el futuro de la humanidad) (Capra Press, 2003)

** María Luisa Canale es traductora profesional en México y España y colabora con la dirección para América Latina.de la Nuclear Age Peace Foundation.

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Bibliografía

_, "Records of the Nagasaki Atomic Bombing," Nagasaki: City of Nagasaki, 1998. (Archivos del bombardeo atómico en Nagasaki).

_, "The Outline of Atomic Bomb Damage in Hiroshima," Hiroshima: Hiroshima Peace Memorial Museum, 1994. (Resumen de los daños de la bomba atómica en Hiroshima).

_, "The Spirit of Hiroshima, An Introduction to the Atomic Bomb Tragedy, Hiroshima: Hiroshima Peace Memorial Museum, 1999. (El Espíritu de Hiroshima. Una introducción a la tragedia de la bomba atómica)

Cantelon, Philip L., Richard G. Hewlett and Robert C. Williams (eds.), The American Atom, A Documentary History of Nuclear Poilcies from de Discovery of Fission to the Present (Second Edition), Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 1991. (El Átomo Americano. Historia documentada de la política nuclear, desde el descubrimiento de la fisión hasta la fecha) Hogan, Michael J. (ed.) Hiroshima in History and Memory, Cambridge: Cambridge University Press, 1996. (Hiroshima en la Historia y el Recuerdo).

Lifton, Robert J. and Greg Mitchell, Hiroshima in America, New York: Avon Books, 1996. (Hiroshima en América).

Matsubara, Miyoko, "The Spirit of Hiroshima" (El Espíritu de Hiroshima), Santa Barbara, CA: Nuclear Age Peace Foundation, 1994, on line at: http://www.wagingpeace.org/articles/hiroshima-hibakusha.html.

Udall, Stewart L., The Myths of August, A Personal Exploration of Our Tragic Cold War Affair with the Atom, New York: Pantheon Books, 1994. (Los Mitos de Agosto, una Exploración personal de nuestra trágica relación de guerra fría con el átomo).

Walker, J. Samuel, Prompt and Utter Destruction, Truman and the Use of Atomic Bombs Against Japan, Chapel Hill: The University of North Carolina Press, 1997. (Destrucción Pronta y Tardía, Truman y el uso de las bombas atómicas contra Japón).

© Nuclear Age Peace Foundation 1998-2003 | Powered by Clockhost

 Tomado de: http://www.wagingpeace.org/articles/2003/08/01_krieger_remembering_espanol.htm

  

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