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El Cardenalito de Venezuela (7)

 

Por el Profesor: ANTONIO RIVERO MENDOZA © Copyright

 

Cardenalito Parte 1 | Parte 2 | Parte 3 | Parte 4 | Parte 5 | Parte 6 |  Parte 7

Parte 8 | Parte 9 | Parte 10 | Parte 11 | Parte 12 | Parte 13 | Parte 14 | Parte 15

Parte 16 | Parte 17 | Parte 18 | Parte 19

VII. Reproducción, cría e hibridación

Presentación | Preámbulo | Introducción | I. Importancia y Justificación del Problema

II. Metodología | III. Características Generales del Ave | IV. Distribución poblacional

V. Antecedentes Históricos | VI. Alimentación | VIII. Enemigos | IX: Captura y mortalidad

X. Enfermedad y tratamiento | XI. Comportamiento

XII. Estado Actual del Cardenalito en Venezuela | XIII. Conclusiones | XIV. Recomendaciones

Bibliografía | Anexo A | Anexo B | Anexo C | Anexo D

Documentos en la Web sobre el Cardenalito de Venezuela

 

CAPÍTULO VII: REPRODUCCIÓN, CRIA E HIBRIDACIÓN

El macho, en ciertas ocasiones, cuida la nidada celosamente.

Debido al peligro de extinción del Cardenalito, especie que está a punto de desaparecer de sus habitáis naturales en el país, es fundamental considerar su proceso reproductivo. La presión a que está sometida esta especie por el hombre, mediante una persecución permanente y criminal, incansable y sostenida durante unas 14 décadas, aproximadamente, ha llevado a este pájaro a un estado realmente crítico. De no tomarse medidas enérgicas y urgentes en el menor tiempo posible, aún cuando haya el deseo y la mejor intención de preservarle en su estado natural, será muy poco lo que pueda hacerse.

Las escasas y pequeñas poblaciones que aún subsisten en los Estados Falcón, Lara, Miranda, Guárico y Anzoátegui (Fig. 3), cuando llega la época de reproducción, se ven casi imposibilitadas de efectuarla y la mayoría no la realizan. Los pajareros conocen los sitios y los momentos en los cuales se efectúa la nidificación con una precisión extraordinaria, y por esta razón se movilizan a dichos lugares durante esta época, para esperar y capturar a los Cardenalitos (Anexo B). Esto se realiza sin mayores dificultades. Es justamente en este período cuando los machos y las hembras se encuentran en pleno celo y por esta condición son atraídos infaliblemente por los señuelos o "pitadores", ya sean hembras o machos, convirtiéndose así en presas fáciles de los pajareros furtivos.

Los pájaros atrapados en este crítico período se enferman en un porcentaje mayor de lo normal, lo que trae consigo una mortalidad casi inmediata y un brusco descenso de la población en su estado natural. Por lo tanto, cualquier estudio que tenga como objetivo primordial permitir la procreación y preservación de este pájaro, debe hacer énfasis en conocer y profundizar todos los aspectos que estén involucrados en su reproducción.

Para analizar las épocas de reproducción en la Región Centroccidental, se hace necesario considerar las siete grandes áreas de distribución anteriormente señaladas, (ver pag. 14), pues dicho proceso varía de acuerdo con la situación geográfica de una serranía con respecto a otras, posiblemente influenciadas por la temperatura ambiental, la precipitación y la disponibilidad de alimento.

En las serranías semiáridas, ubicadas en el Estado Falcón y en la parte Norte del Estado Lara, por ejemplo, San Luis, Churuguara, Ziruma-Baragua y Bobare, el Cardenalito se reproduce habitualmente en dos períodos del año, de Marzo a Junio y de Septiembre a Noviembre. Este hecho ha sido comprobado numerosas veces por el autor a través de la observación de pichones en estas serranías, en uno y otro lapso; igualmente por su llegada al mercado furtivo de las ciudades de Barquisimeto y Caracas en las dos fechas anteriormente señaladas; y, mediante entrevistas realizadas con varios pajareros con amplia experiencia en lo relacionado con estos pájaros.

En el primer período, el Cardenalito entra en celo, generalmente, durante las últimas semanas del mes de Marzo o en las primeras del mes de Abril dependiendo, evidentemente, del adelanto o del retraso de la época de lluvias, las cuales se presentan casi siempre en dichos meses. Los Cardenalitos empiezan a nidificar en la segunda quincena del mes de Abril y los primeros pichones aparecen entre Mayo y Junio. También es posible que se lleguen a encontrar pichones en estos lugares en Julio y

Agosto; esto se debe, aparentemente, a que algunas hembras nidificaron normalmente por segunda vez o que otras lo hicieron de nuevo, porque perdieron inicialmente su primera nidada. Esto se deduce del proceso reproductivo en cautiverio. En los dos casos, los pichones cuando nacen encuentran un ambiente favorable, en donde existe suficiente alimento y una vegetación intrincada que les da protección.

El segundo período se inicia en el mes de Septiembre, dependiendo como en el primer caso, del régimen de precipitaciones. Los pájaros se encuentran en celo por lo regular a fines de Agosto o a comienzos de Septiembre y los pichones hacen su aparición en Octubre y Noviembre.

En décadas pasadas las hembras normalmente nidificaban tres veces al año, en el primer período o en el segundo, pero en la actualidad si acaso llegan a nidificar, lo hacen sólo una vez, pues como ya fue señalado anteriormente, los pajareros tienen a menudo localizada a casi cada pareja, a la cual le dan captura antes o durante la primera nidada o el inicio de la segunda (Anexo B).

Es posible también que en la actualidad esta ave nidifique un menor número de veces, debido a la intranquilidad permanente a que está sometida la especie, por el constante y frecuente trajinar de los pajareros por los pocos sitios que aún quedan para la nidificación. En cautividad se ha comprobado que las hembras para culminar felizmente una nidada, necesitan de un ambiente muy tranquilo.

Es importante destacar que algunos pajareros creen y sostienen que los Cardenalitos que entran en celo y se reproducen en las serranías de San Luis, Churuguara, Ziruma-Baragua y Matatere, en el lapso comprendido entre Marzo y Junio, son aquellos que han nacido en esta misma fecha en años anteriores, mientras que los que lo hacen en Septiembre y Noviembre, se corresponden con los que nacieron en esta misma época del año anterior. Es decir, es posible que cada hembra nidifique en un solo período del año.

Aún no está determinado, realmente, si el Cardenalito de estas áreas, después del primer año de nacido, puede reproducirse en uno u otro período o incluso en ambos. Tampoco se sabe, si el hecho de reproducirse dos veces al año en estas serranías, obedece a las fluctuaciones regulares de las precipitaciones o a una diferencia intrínseca y genética de la especie en esta región, dada por la selección natural y/o determinada por el clima particular de la zona. Estudios más detallados podrán permitir la clarificación de estas interrogantes.

En la Sierra de Aroa, el Macizo de Nirgua y en las Estribaciones Nororientales Andinas, caracterizadas por una sola época de lluvias anuales, el Cardenalito sólo se reproduce en un lapso. La época de celo se inicia a finales de Marzo o comienzos de Abril y los pichones nacen de Mayo a Agosto, es decir, el período se prolonga durante 2 meses más, si se le compara con la reproducción que ocurre en las serranías anteriormente descritas. Esto se explica porque en estas regiones, la precipitación y los alimentos son más perdurables. La temperatura promedio es más baja, debido a las mayores alturas que la caracterizan y la pluviometría es mayor. Ello aparentemente favorece a la procreación, pues el medio ambiente les ofrece semillas, frutos e insectos, por un mayor tiempo del año. Lo último, no obstante, es motivo de discrepancias cuando se le compara con la reproducción que se da al Norte de Lara y en el Estado Falcón, ya que si en estos se presenta dos veces al año, en aquellos sólo ocurre una vez.

Por otra parte es importante destacar que en la Serranía de Aroa, Nirgua y parte de la Andina, el Cardenalito casi ha desaparecido, mientras que en el Estado Falcón y el Norte de Lara, aunque son muy escasas, aún subsisten pequeñas poblaciones. Esto parece dar fuerza a la hipótesis de que reproducirse dos veces al año ha favorecido la especie. Estudios posteriores podrán comprobar si la genética de las dos poblaciones es diferente.

En décadas pasadas la especie nidificaba hasta tres veces al año. Actualmente, debido a la persecución por parte del hombre, tan solo lo hace una vez, ya que en la mayoría de los casos son capturados durante la nidada.

La reproducción y cría en cautiverio es una alternativa necesaria y posible que evitará que desaparezca esta importante especie, a nivel mundial.

Por lo general buscan árboles que estén parcialmente cubiertos por Barba de Palo para construir sus nidos.

Los machos se caracterizan por ser polígamos y muy ardientes desde el punto de vista sexual, tanto en su estado natural como en cautiverio. En estado natural, si no existieran las presiones ejercidas por el hombre, este pájaro se reproduciría con mucha facilidad. Por esta razón, la especie logró multiplicarse en forma considerable en la Región Centroccidental, Central y Oriental del país, precisamente en aquellos lugares en donde estaban los focos guerrilleros durante los años de 1960 a 1968. En este último año, con la denominada "política de pacificación", bajaron los guerrilleros de los sitios altos y montañosos a la ciudad y entonces, subieron los pajareros y empezaron a capturar a estas indefensas aves. Con este hecho las pequeñas poblaciones se redujeron a tal punto, que cuando Caldera, Rosita (1978) entrevistó para el periódico El Nacional a Hans Newmann, presidente de la Fundación para la Defensa de la Naturaleza (FUDENA), éste le declaro: "Desapareció el Cardenalito" una de las aves más populares de nuestra fauna... porque se produjo una caza arbitraria de estos pájaros".

En realidad, no había desaparecido y aún se conserva este pájaro en estado natural, pero su situación ecológica es tan crítica que debe ser motivo de honda preocupación a nivel nacional.

La cría en cautiverio en forma intensiva, como se ha venido realizando desde hace muchos años en el exterior, evitará que desaparezca esta importante especie a nivel mundial. No obstante, en Venezuela, también existe un grupo de personas preocupadas por este tipo de reproducción. Así, en Caracas, Vicente Serino, Domingo Conde y Manuel García, han obtenido pichones de Cardenalito, como también híbridos dentro del género Carduelis, cruzándolo con la hembra de Corbatín y de Turpialí (Carduelis yarrellii) (Beades, 1978), y en Barquisimeto, Estado Lara, Aníbal Terán y Manuel León Garmendia, están haciendo algo similar. Todos estos criaderos han sido visitados por el autor desde 1974, aproximadamente, lo cual ha contribuido en gran parte a enriquecer los conocimientos existentes sobre la cría de esta especie en cautiverio.

Es probable que en estado natural el Cardenalito se cruce con hembras de Corbatín, debido a que en ciertos lugares del país estos pájaros se reúnen sobre todo en las últimas horas de la tarde. Las dos especies a la hora de dormir se juntan, por lo general, en un mismo árbol y durante 1 ó 2 horas permanecen disputándose y riñéndose los sitios a donde van a pernoctar. De Marzo a Junio, cuando las dos especies se encuentran en pleno período de celo, es probable que los machos del Cardenalito, por su vigor y ardor sexual, copulen y fecunden a alguna hembra de Corbatín. Como se sabe, en muchos pájaros, cuando están en celo, las hembras "llaman" con frecuencia a los machos haciéndoles galanteos y posturas de acoplamientos; una de ellas consiste en agacharse abriendo las alas y "llamar" con insistencia al macho. Estando tan cerca las dos especies, es posible que el Cardenalito se lance al "llamado" de la hembra anticipándose a los machos de Corbatín, fecundándola y dando origen a híbridos naturales. Esto es muy poco probable que suceda en forma natural con otras especies. Podría también ocurrir lo contrario, es decir, que las hembras del Cardenalito sean las fecundadas por los machos del Corbatín; y es factible que esto sea lo que ha venido sucediendo. Hasta el presente, se tiene conocimiento de tres casos de híbridos naturales, los cuales cuando fueron capturados andaban formando parte de grupos de Cardenalitos, pero no de Corbatines. Además, sus "llamadas", sus hábitos alimenticios y su comportamiento en general, eran muy similares a los que tienen los Cardenalitos.

De lo anterior, se presume que dichos híbridos nacieron y se criaron en nidadas de hembras de Cardenalito. Observaciones posteriores podrán confirmar estos hechos.

El autor en 1972, observó en un lote de Cardenalitos recién capturados y traídos a Barquisimeto, un pichón macho que por las características fenotípicas parecía ser un híbrido de Cardenalito y Corbatín; tal ejemplar tenía las siguientes peculiaridades: toda la cabeza y el cuello de color negro, lomo negro verdoso, parte inferior del pecho amarillo verdoso con manchas rojizas entremezcladas. Alas y cola negras verdosas con tintes amarillo verdoso en su base; pico y patas negras. Este ejemplar era muy parecido al híbrido de Cardenalito y Corbatín macho, nacido en cautiverio en el criadero de Vicente Serino, el cual fue presentado en una exposición Mundial de Ornitología efectuada en Alemania en 1977. En esa oportunidad, dicho ejemplar fue galardonado con la medalla de oro.

En 1975 y 1978, respectivamente, le fueron reportados y descritos al autor otros dos posibles híbridos de Cardenalito y Corbatín, nacidos en estado natural y capturados posteriormente: el primero en Curimagua y el segundo en Tacamire del Estado Falcón. Las características morfológicas y fenotípicas eran similares al ejemplar observado y descrito por el autor y al híbrido nacido en cautiverio en el criadero de Vicente Serino. Dos años después, otro criador caraqueño, Domingo Conde, obtuvo dos ejemplares parecidos.

Actualmente, tanto en los criaderos de Caracas como en el de Barquisimeto, se está tratando de cruzar aquellos híbridos obtenidos entre Corbatín y Cardenalito, con especies hembras de Cardenalito, Corbatín y Turpialí, respectivamente, para comprobar su fertilidad y observar su descendencia. Lo mismo se está haciendo con los híbridos de Cardenalito y Turpialí. Los resultados serán publicados posteriormente.

Se ha observado, que tanto en los sitios naturales de reproducción, así como en cautividad, las hembras del Cardenalito, trabajan afanosamente en la construcción del nido, ayudadas parcialmente por el macho (Anexo B). En los hábitats naturales parece que existe cierta relación entre el clima de la región y los tipos de árboles que seleccionan para la construcción del nido.

En las regiones subhúmedas, nidifica en árboles altos como el Bucare (Erythrina poeppigiana) y en los Guamos (Inga sp.); mientras que en las zonas semiáridas lo hacen en árboles como el Guásimo (Guazuma ulmifolia) y los Cujíes (Prosopis juliflora). Por lo común buscan árboles que están parcialmente cubiertos de Barba de Palo (Tillandsia barbata y T. usnioides) y alrededor de esta planta construyen sus nidos al igual que dentro de ellas para los cuales utilizan gramíneas finas y secas, pequeñas plumas y pelos, conformando así un nido circular y en forma de copa, donde la hembra pone de 3 a 5 huevos de color blanquecino (el autor ha observado dos de estos nidos en el campo). Esto último ha sido confirmado por Pérez Padrón (1970) y Moreno Sánchez (1974); y en Venezuela por Vicente Serino, Domingo Conde, Aníbal Terán y Manuel León Garmendia, en comunicación personal. Los huevos tienen un tamaño aproximado de 15.8 mm. de largo y 12.2 mm. de ancho. Swainson (1826) citado en Laiz Blanco (1978), señaló un promedio igual. La hembra es la encargada de incubar los huevos tanto en su ambiente natural como en cautiverio; sin embargo, el macho es muy amoroso y con frecuencia le lleva comida al nido, la cual se la regurgita en forma parecida a como lo hace con los pichones (Anexo B).

La incubación dura aproximadamente 12 días como promedio, al cabo de los cuales nacen los pichones con la piel oscura rojiza y cubiertos de finas plumillas gris claro. Durante los 3 y 5 primeros días, sólo la hembra se encarga de la alimentación, pero después del 5o día, aproximadamente, el macho ayuda a la hembra en esta actividad. El macho cuando le lleva comida a los pichones hace una suave "llamada", señal que es reconocida por estos, quienes de inmediato levantan la cabeza y abren el pico emitiendo, a su vez, después del 6o día, pequeños chillidos con un tono que es característico de muchas especies del género Carduelis, lo que permite incluso su fácil reconocimiento, desde lejos. Es la hembra quien se esmera en la limpieza del nido y esto lo hace desde el 1er. día hasta el 7o u 8o. Los pichones, normalmente, después de cada comida adoptan una posición tal que esconden la cabeza hacia el centro del nido y levantan la parte posterior del cuerpo, quedando la cloaca al borde del mismo, donde depositan los excrementos en unas pequeñas bolsitas mucosas y transparentes, las cuales la madre recoge con el pico y las expulsa fuera del nido. Después de los 8 días la hembra ya no se ocupa de este trabajo. Los pichones ya han crecido lo suficiente y los excrementos son expulsados con mayor fuerza y casi siempre fuera del nido.

A medida que crecen los pichones, los chillidos son más fuertes hasta cuando tienen 13 a 15 días, época en que están en condiciones de abandonar el nido. Según Conde, en el campo lo hacen a los 14 aproximadamente, mientras que en cautiverio entre los 14 y 15 días. Moreno Sánchez (1974) señala un período igual en cautividad. Después que los pichones abandonan el nido las "llamadas" son típicas y características: "chispí... chispí... chispí", por lo que algunos pajareros, en esta edad, suelen llamarlos con esta onomatopeya: "pichones chispí".

Por lo común, 2 ó 3 días después de que los pichones abandonan el nido, la hembra hace su postura siguiente.

En el campo, por lo general, los machos se encargan de alimentar no sólo a sus hijos, sino que pueden adoptar hasta quince. El autor observó en Mayo de 1959 en Santa Inés, Estado Lara, tres Cardenalitos machos, uno de los cuales cargaba 15 pichones, otro 12 y el tercero nueve. Los padres volaban y se posaban entre los árboles más altos y en varias ocasiones en las partes terminales de la inflorescencia de la Cocuiza (Furcraea humboldtiana), o del Cocuy (Agave cocui), seguidos de la prole que en forma desesperada y angustiosa pedía comida; aquello constituyó un espectáculo inolvidable.

Nido de Cardenalito con los huevos al fondo.

En cautiverio, después de los 15 días de nacidos, los pichones siguen siendo alimentados por los padres; a los 25 ó 28 días, la hembra puede hacer su segunda nidada y el padre continúa alimentándolos, hasta que éstos, entre los 32 y 35 días, ya comen solos y se independizan de aquéllos.

En estado natural los pichones después de no recibir más comida de los padres, empiezan a frecuentar las plantas que les suministran alimentos blandos como Anisito, Clavelito y Negrito.

En cautiverio, el período durante el cual los padres dejan de darle alimento a los pichones, es bastante crítico y se hace necesario suministrarles alimentos blandos, pero que contengan poco huevo, ya que este último les puede producir serios trastornos digestivos. Moreno Sánchez (1974) dice: "el huevo les produce hepatitis". Se recomienda durante este tiempo darles granos partidos. El pico en los pichones es muy débil para partir algunas de las semillas que comen los adultos.

La manzana, la lechuga y el agua fresca (esta última, especialmente, enriquecida con vitaminas) aseguran un mejor desarrollo y el cambio de plumaje de la edad juvenil a la adultez. Esto se realiza entre los 3 y 5 meses en pájaros bien alimentados.

Las hembras en estado natural, como se dijo, pueden realizar, potencialmente, de 2 a 3 nidadas anuales. En cautiverio se pueden lograr más de 3, pero no es recomendable, ya que terminaría por debilitarlas, poner en peligro su vida o inutilizarlas como reproductoras. En cautiverio, dos nidadas son las más aconsejables.

La alimentación de los pichones de Cardenalito nacidos en cautiverio, representa el problema fundamental con que se enfrentan las personas que con grandes deseos anhelan la reproducción de esta especie.

Por lo común, el 95% de las madres de Cardenalitos se comportan como criadoras poco eficientes en cautividad: unas porque no le dan de comer a sus crías, otras porque sólo lo hacen los primeros días y luego los abandonan. La mayoría les dan tan poca comida que los pichones mueren antes de la primera semana.

Para que una hembra se comporte como una buena madre cuando está en cautiverio, se requiere ubicarla en un lugar adecuado donde reine la tranquilidad y esté orientada hacia los rayos del sol durante las primeras horas de la mañana. Se requiere, además, que disponga de una buena alimentación, y que sea un ejemplar dócil, para lograr éxito.

Las hembras con pichones deben tener una alimentación variada en cuanto a disponibilidad de semilla, de tal manera que la dieta contenga un alto porcentaje de proteínas. Igualmente, es necesario que encuentre comida blanda en los primeros días, acompañada de productos verdes como: lechuga, berro, manzana, pimentón y otros semejantes.

Existen hembras que aparentemente parecen buenas madres, pues casi todo el tiempo permanecen encima del nido cubriendo a los pichones. Sin embargo, al darles poco alimento a sus hijos, éstos terminan muriéndose en un tiempo relativamente corto.

Una buena técnica que a muchos criadores les ha dado notables resultados consiste en la utilización de canarias u otros pájaros como nodrizas; es decir, se colocan los huevos de Cardenalito a aquellas canarias que ya han sido probadas como excelentes criadoras, las cuales terminan criando dichos pichones con tanto éxito como lo hacen con sus propios hijos.

En países como Bélgica, Holanda, Argentina, España y otros, se ha logrado la cría intensiva del Cardenalito en cautiverio, a tal punto que, desde hace algunos años existen casas especializadas que ofrecen ejemplares en listas y catálogos. El día en que esta especie se extinga de Venezuela quizás se tenga la necesidad de importarla, como ya se está haciendo con los peces de colores y las orquídeas que originalmente fueron de Venezuela.

Los Cardenalitos, como padres en cautividad, manifiestan distintos comportamientos con hembras de diferentes especies incluyendo la suya: unos son excelentes criadores y hasta amorosos con las hembras de otras especies; otros, en cambio, no lo son. Algunos le ayudan a la hembra en la confección del nido, llevándole parte del material para su construcción (Anexo B). Durante la incubación, con frecuencia le dan alimento a la hembra, regurgitándole parte de lo que han comido. Cuando nacen los pichones empiezan a ayudar a la hembra en este trabajo, dándoles de comer desde el primer día; dicha actividad se prolonga hasta cuando estos lo hacen por sí solos.

Otros machos, por el contrario, intervienen poco en la construcción del nido, no le llevan comida a la hembra durante la incubación, incluso al nacer los pichones se muestran indiferentes con ellos. No obstante, cuando estos cumplen la primera semana los pueden empezar a alimentar. Al hacerlo, les proporcionan poca comida y cuando abandonan el nido se muestran celosos. En estas ocasiones, los celos pueden llevarlos a picotear y desplumar la cabeza de los polluelos y hasta a poner en peligro su vida.

Por último, existen Cardenalitos que son padres porque simplemente fecundan a la hembra. En estos casos, terminan convirtiéndose en un verdadero problema durante la incubación: la molestan en el nido y fuera de él, y tratan de cubrirla en todo momento. Al nacer los pichones son sacados del nido y les causan serias lesiones que a veces son irreparables. A estos ejemplares es conveniente separarlos en cuanto la hembra termina su postura.

Hay casos intermedios entre los tipos descritos, pero estos comportamientos, fuera de lo normal, ocurren con mucha más frecuencia en hembras de otras especies y sobre todo en Canarias; en cambio, con hembras de su misma especie, el macho se comporta de manera favorable.

Ya se señaló en la introducción y a lo largo de la revisión de la literatura, que el Cardenalito se cruza con la Canaria, pero de lo mucho que se ha escrito sobre él, desde tratados completos hasta simples artículos de revistas, en casi todos, como lo señala Moreno Sánchez (1974), sólo se describen sus bellos colores y su capacidad para transmitir genéticamente el color rojo en el Canario Común. Sin embargo, es muy poco lo que se ha escrito sobre su ecología.

Por existir abundante bibliografía sobre el cruce del Cardenalito con Canaria, se omite la información en este trabajo. No obstante, es preciso señalar las siguientes observaciones:

A. La Canaricultura de color sólo fue posible a partir del Cardenalito de Venezuela.

B. Desde 1895 hasta la fecha, el Cardenalito ha sido el único pájaro que se ha utilizado con éxito en todas partes del mundo, para obtener e intensificar el color rojo de los Canarios, pero como dice Gilí en su obra traducida por Caro, Orlando (1973) no hay ni existe ninguna razón como para ensayar con otros pájaros que también poseen el  color rojo y otras pigmentaciones. Entre ellos señalan el Pinzón Púrpura (C. purpureus), el Pinzón Cipayano (C. sipani) y el Pinzón Rosa Escarlata (C. cruythrinus), cuyo primer cruce con el Canario se logró en Inglaterra en 1916.

C. La reproducción y cría del Cardenalito en cautiverio, es una alternativa necesaria y posible: primero, para producir un número suficiente que permita satisfacer la demanda internacional y bajar los precios; segundo, ensayar la repoblación de especies en lugares pilotos seleccionados ad hoc; y tercero, permitir la utilización racional de este importante recurso natural renovable, especialmente por los campesinos, como un medio útil de subsistencia.

D. Esta idea da fuerza y actualiza el proyecto que sobre "Cría del Cardenalito en cautiverio" fue presentado por Laiz Blanco (1978), bajo la supervisión científica de Pedro Trebau.

 

En cautiverio y en época de cría, la pareja debe disponer de comida blanda durante los primeros días, acompañada de alimentos verdes.

 

 

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VII. Reproducción, cría e hibridación | Documentos en la Web sobre el Cardenalito de Venezuela

 

El Cardenalito de Venezuela

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Creada: 14/06/2009  -  Actualizada: 04/08/2009